Estaba pensando en las fiestas patrias y en la idiosincrasia chilena. Quiero dejar en claro que es una opinión muy personal y que no tiene porque representar a nadie más que a mi. Pero es que todo me parece súper banal, por decirlo menos. Las empanadas y el vino me gustan, pero no siento que voy a ser más chileno por comerlas. ¿Cuál es el limite entre el nacionalismo enfurecido y el sentido de pertenencia? Porque soy de Chile, soy chileno, pero eso para mi significa bastante poco.
Y es que la manera chilena me resulta siempre una mirada hacia afuera, hacia cómo se hace en otros lados o cómo lo están haciendo otros. Latinoamérica puede que sea un pueblo al sur de Estados Unidos, pero creo que todo lo nuestro va un poco mas allá. Creo que Chile se está transformado en una suerte de popurrí universal. La manera chilena hace mucho tiempo que dejó de ser chilena, las costumbres son de otros y la gente las asume como propias. Basta a que llegue la nueva moda para que la adoptemos como nuestra y quede en el inconsciente de muchos. No tengo muy claro si esto es para bien o para mal, si el individuo común es capaz de discernir, pero no tengo muchas esperanzas en que la conciencia finalmente triunfe.
Esto es una gran fiesta y eso es lo que cuenta para todos. Me da paja pensar en lo que está pasando, sólo quiero que llegue el feriado para escapar de mi jefe y mi pega monótona, y descansar con un choripán y un vaso de chicha en la mano. Pero eso no es algo que me motive a celebrar. Al menos a mi, más me duele pensar en esa realidad que celebrarla fervientemente. Pero acá les dejo a Omar Souleyman (Sublime Frequencies, 2009), haber si ahora llega la moda árabe y nos disfrazamos con ropajes para la danza del vientre un rato. ¡ El reggaeton árabe viene pegando brígido galla !













